|
Es la mayor duda de todos los que en este momento se plantean adquirir su nueva vivienda o invertir en lo de siempre: el ladrillo. |
![]() |
|---|
Y, a pesar de todas las malas noticias del sector, o justamente por eso, sí que puede ser un buen momento para comprar: no a lo loco, pero sí comprar.
Para los inversores de bolsa es un axioma: compra cuando está barato; y para cualquiera con sentido común también. Lo que parece absurdo es justamente lo contrario: comprar cuando lo hace todo el mundo y los precios son prohibitivos (será que vamos con la moda y no con la razón).
Que este es un momento no exento de dificultades es más que evidente, y quizás las dos fundamentales son:
1.- Disponer de dinero: que no es poca dificultad: suerte el que tiene dinero propio y afortunado el que consigue un buen crédito.
2.-Tener seguridad laboral: que es casi tanto como lo anterior, porque es lo primero que nos va a preguntar el afable director banco para no concedernos el crédito ( sí, ese mismo que intenta convencernos por todos los medios de que es una solemne estupidez comprar ahora, y que yo me temo que no le preocupa lo acertado de nuestra compra, sino que está temblando ante la posibilidad de que el cliente retire el dinero allí depositado para invertirlo en otro sitio).
Si salvamos estos dos escollos, sólo nos faltará despejar una duda antes de ponernos a la tarea: ¿ y si en los próximos meses las viviendas todavía siguen bajando de precio?
Para contestarlo quizás deberíamos volver a referenciarnos a la bolsa: siempre se puede esperar a que baje un poco más antes de comprar o a que suba un poco más antes de vender; esto lleva directamente a la inactividad y al arrepentimiento cuando se ha pasado el momento: la avaricia de conseguir un poco más suele producir el efecto contrario en la mayoría de los casos. Los profesionales suelen fijarse unos objetivos de ganancias y compran/venden cuando ven eses objetivos cumplidos: quizás no es el método que produce resultados más espectaculares, pero permite ganancias continuadas a lo largo de los años.
En el caso de una vivienda, si nos quedamos eternamente esperando mejores precios, iremos viendo desfilar una oportunidad tras otra, para al final quedarnos sin ninguna.
Deberíamos tener claros algunos criterios: tipo, tamaño y situación de la vivienda, y cuál es para nosotros el precio adecuado y dentro de nuestras posibilidades. Si encontramos la propiedad que se ajusta a lo que nos hemos propuesto: entonces es el momento de comprar.
|
|
Se están vendiendo viviendas. Lógicamente se compran las que tienen precios ajustados. |
|---|
Probablemente el mayor enemigo de este proceso de decisión racional sea el bombardeo mediático de noticias (muchas veces sesgadas, mal documentadas, mal intencionadas o mal interpretadas: eso se merece varias páginas) de las que acabamos deduciendo que las promotoras liquidan las viviendas a mitad de precio y los bancos poco menos que regalan las viviendas que embargan.
La realidad sin embargo es que nadie encuentra eses chollos, y que, si nos llegan a ofrecer algo a un precio más que estupendo, resulta ser un apartamento minúsculo en una urbanización a medio construir, en una supuesta zona de veraneo y en la otra punta del pais: casi casi el tipo de vivienda ideal que nos habíamos propuesto.
Por que sí, es evidente que ese tipo de propiedades que ahora nadie compra deberán estar casi regaladas: a ver si van a ser esas las que pesan en las estadísticas y hacen que la media de las rebajas sea más alta de lo que vemos en nuestro entorno ( ya se sabe que las estadísticas, cuanto más ciertas, más nos engañan).
Resumiendo: si encuentras la casa de tus sueños a buen precio y puedes permitírtelo: no la compres, sigue esperando. Lo mismo nadie la encuentra y a tí te ofrecen otras cuatro igual de interesantes o más ( que no te haya pasado nunca no quiere decir que no vaya a pasar); ya sabemos que la esperanza es lo último que se pierde, y las oportunidades lo primero.





